El Diario de un AsesinoEl Diario de un AsesinoEl Diario de un Asesino

     Tenía semanas de estarla espiando. Un día decidió hablarle, pero no en frente de todos los compañeros, esperó en el parqueo, supuso que llegaría. Esperó una par de horas, ella nunca apareció, se enojó, incluso se avergonzó de él mismo por pensar que ella tenía que llegar. Se metió en su carro y comenzó a golpear el timón con sus puños, después su rostro. Encendió el carro y lo condujo hasta la salida del parqueo. Cuando salió la vio entrar en el carro de alguien, no estaba seguro de quien era esta persona. Al ver esto se puso más furioso de lo que estaba, no lo podía creer.

Se fue a su casa. No durmió esa noche. Al otro día no podía pensar en otra cosa más que en lo que había sucedido con ella, estaba obsesionado, y quería sentir su presencia una vez más. Pasó horas en su oficina pensando en cómo hablarle, nunca había hecho esto pero necesitaba decirle algo, necesitaba estar con ella y no quería esperarla otra vez en el parqueo, tenía que hacerlo en otro lugar, tenía que tener el valor, tenía que hacer algo inesperado para él mismo.

La esperó otra vez, en su carro, en la entrada del edificio.

 

Tenía semanas de estarla espiando. Un día decidió hablarle, pero no en frente de todos los compañeros, esperó en el parqueo, supuso que llegaría. Esperó una par de horas, ella nunca apareció,  se enojó, incluso se avergonzó de él mismo por pensar que ella tenía que llegar.  Se metió en su carro y comenzó a golpear el timón con sus puños, después su rostro. Encendió el carro y lo condujo hasta la salida del parqueo.  Cuando salió la vio entrar en el carro de alguien, no estaba seguro de quien era esta persona.  Al ver esto se puso más furioso de lo que estaba, no lo podía creer.  Se fue a su casa. No durmió esa noche.  Al otro día no podía pensar en otra cosa más que en lo que había sucedido con ella, estaba obsesionado, y quería sentir su presencia una vez más.   Pasó horas en su oficina pensando en cómo hablarle, nunca había hecho esto pero necesitaba decirle algo, necesitaba estar con ella y no quería esperarla otra vez en el parqueo, tenía que hacerlo en otro lugar, tenía que tener el valor, tenía que hacer algo inesperado para él mismo. La esperó otra vez, en su carro, en la entrada del edificio.

Cuando ella salió, acercó su carro hacia ella, bajó la ventanilla y le preguntó con una voz temblorosa y quebrada: –¿No quieres que te lleve?–sonrió, ella también lo hizo y con un gesto de no darle mucha importancia a la situación dijo: –Si, está bien, sólo tengo que hacer una llamada–. Cuando terminó la llamada, él se bajó, le abrió la puerta. Ella le dijo en donde vivía de una vez, al parecer no quería estar demasiado tiempo con él, ella había escuchado todo tipo de cosas de él en el edificio, todas las personas que trabajaban ahí sabían quién era él y creaban todo tipo de mitos. Él le dijo que tenía que pasar haciendo un mandado en el camino, que era por un parque en cerca del lugar donde ella vivía, ella no le dio importancia al asunto, no dijo nada, lo vio y regreso sus ojos hacia enfrente.

Pasaron por el parque cerca del residencial, estaba silencioso, se adentraron un poco cerca de una salida. Pararon en una calle del parque. Ella no sabía lo que estaba pasando, pero tampoco le dio gran importancia. Apagó el motor del carro, abrió la guantera y sacó una bolsa pequeña de cuero. Un poco más asustada la mujer comenzó a ponerse nerviosa, su respiración era más acentuada, él sintió su miedo y esto le daba cada vez más confianza, se sentía poderoso, se sentía fuerte, se sentía en control de la situación, se sentía vivo. Él la vio a los ojos, eran cafés, ella no quería verlo bien. Él abrió la bolsa y con un movimiento veloz la apuñaló en el cuello. No se había muerto del primer golpe, se estaba desangrando, antes de que ella pudiera gritar o siquiera decir algo él la apuñaló por segunda vez y esperó que se muriera. Después de muerta la apuñala varias veces en el rostro, especialmente en los ojos.

Después la llevó hacia una parte más oscura del parque, abrió la puerta y cargó al cadáver hacía un lugar bajo un árbol, el más grande del parque, el que estaba más profundo en el parque. Se fue a su casa. Se limpió, se bañó y se acostó. Casi al instante de haberse acostado se durmió. Durmió plácidamente, como pocas veces en su vida. Al otro día todo siguió normal en el trabajo para él, separado del mundo en su oficina.

Después de años de lo sucedido, en el parque donde aquella vez había dejado el cadáver de la mujer, estaba en busca de alguien, como lo hacía todas la noches para poder dormir tranquilo…