


Después de unos días ya se habían animado a tomar sus armas para pelear. El combate era intenso a toda hora, todos los días. Tres de los del grupo habían muerto. Caminando iban cuando se encontraron con otro refugio rebelde, éste era más grande y organizado, era justo lo que estaban buscando durante días (en estos días él se había tornado en un ser violento y frío, no le importaba a cuantas personas mataba). Después de unas semanas, estaban en el refugio comiendo lo poco que podían cuando llegó un anciano, desangrándose por todos lados, golpeado, se había escapado del lugar, gritaba que los habían encontrado y que sólo era cuestión de tiempo para que los mataran a todos. Todos tomaron sus armas y comenzaron su viaje, tenían que llegar lo antes posible. Él sintió escalofríos en todo el cuerpo, en lo único que podía pensar era en su familia y si habían logrado escapar. Llegaron al asentamiento, la mitad de los habitantes del pueblo estaban tirados, muertos, torturados por todo el pueblo. Una emboscada interrumpió con la misión de salvar el pueblo. Mataron a todos los del pelotón que iban con él, excepto a él, lo tomaron, lo amarraron en frente de la iglesia. El movimiento paramilitar llevó a todos los habitantes del pueblo que estaban vivos hacia la iglesia, entre ellos su familia, los encerraron.
Después de mojar la iglesia (que más parecía una choza, hecha de madera y paja) con gasolina, le prendieron fuego con las mismas candelas que los habitantes tenían en sus casas y que ellos habían encontrado. Él gritó como si se le hubiera quebrado el alma, ellos lo obligaron a ver lo que habían hecho tan orgullosamente, lo agarraron del pelo, a modo de voltearle la cabeza para que pudiera ver el horroroso acto de ellos. Después se fueron, lo dejaron ahí.



